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La metalización consiste en la deposición (sublimación y condensación) de una fina película de metal sobre un substrato (plástico, vidrio o metal) en condiciones de baja presión (aprox 10-4 torr).

El tipo de metalización más usual en el mundo industrial es la producida por la sublimación y deposición de aluminio sobre un producto.

Los acabados tipo espejo sobre plásticos moldeados se producen directamente tras un tratamiento de plasma previo en la cámara de proceso.

Para otro tipo de materiales, se necesita una preparación previa con una base niveladora, aisladora, que permita aumentar la adhesión de las sucesivas capas de metal y acabado transparente.

Las piezas a metalizar se introducen en el equipo metalizador sobre unos soportes llamados satélites (entre 4 y 16 normalmente) montado sobre el planetario (sistema de carga y descarga).

 

Una vez se alcanza el valor de vacío óptimo, los satélites empiezan a girar alrededor (de ahí su nombre) de la fuente de evaporación y sobre su propio eje con el objetivo de que la deposición sea uniforme incluso en piezas de superficie compleja.

Cuando el proceso termina, la cámara se vuelve a llevar a presión atmosférica.

Aplicaciones:

Fabricación de faros de automóvil, parábolas para reflectores, estuchería, aislamiento electromagnético…


 

 

         
           
         
       
     
 

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